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Autogestión de la Salud 

"Dímelo y lo olvidaré, muéstramelo y lo recordaré, involúcrame y  aprenderé."

Confucio


Cada vez que atravesamos esa puerta astrológica de los equinoccios, algo que, ciertamente, tiene toda su magia, aunque no siempre sepa apreciarse en este mundo tan desquiciado en el que vivimos: el mal uso de la ciencia y la tecnología es, inequívocamente, un factor que contribuye a que así sea.
Hurgando en la historia de la filosofía nos encontramos que hubo filósofos como los presocráticos que, hace ya mucho tiempo, nos advirtieron de los peligros de la fragmentación del saber, de querer analizarlo y dividirlo todo, cayendo en el error de pensar que esto nos hace más sabios.
El progreso científico no es otra cosa que la proliferación de disciplinas especializadas que se escinden cada vez más para iluminarnos cada vez menos. Decimos investigación, cuando en realidad queremos decir intervención sobre la naturaleza. Se ha perdido la actitud integradora que caracterizaba a la figura del filósofo-científico de otro tiempo, habiendo quedado reducida la persona a los estrechos límites de la razón; la razón, a entendimiento, y este, a la capacidad de clasificar y de formular leyes sobre el comportamiento de las cosas, olvidando lo que esencialmente une a estas, su identidad.
No. No caigamos en la trampa. Saber de todo es lo contrario a la sabiduría, saber de todo no enseña a comprender. El origen de querer saberlo todo es la verdadera «ausencia de sabiduría», pues saber de todo no es sinónimo de conocer, ni fuente de sabiduría.
La sabiduría se consigue no-sabiendo, trascendiendo el intelecto, de tal manera que este no constituya un obstáculo para la vida.
Como bien nos enseñaron nuestros viejos y queridos filósofos, la comprensión y la acción se aúnan en la sabiduría, aprendiendo a conducirnos conforme a lo que marcan las leyes inexorables de la naturaleza, diciendo siempre la verdad: llegamos a conocer la inteligencia que lo gobierna todo a través de todo. Aprendemos a despejar el espacio mental de residuos intelectuales y emocionales que hemos ido acumulando desde la infancia, haciendo sitio a aquellas ideas y sentimientos que, por su naturaleza, verdaderamente pueden alimentar el alma y ayudarnos en el crecimiento interior.


José Antonio Vera de la Poza
Presidente de Tao Tien

 

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Comenzar a conectar con el verdadero ser, comprender la conexión con el cosmos y dotarnos de conocimientos y herramientas que nos ayuden a superar los cambios y desequilibrios que pueda sufrir nuestro cuerpo en este proceso evolutivo que llamamos vida.